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Sánchez planea que las empresas paguen más impuestos por los beneficios de sus filiales extranjeras

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“Replantear la exención de plusvalías interiores y de las exenciones por doble imposición que no respondan rigurosamente a eludir dobles imposiciones”. El Partido Socialista introdujo esta alambicada declaración de principios en sus Presupuestos alternativos de dos mil dieciocho, cuando estaba en la oposición hace solo medio año. Ya en el Gobierno, Pedro Sánchez pretende cumplir con el espíritu de esa propuesta. Desea que las compañías paguen más por las ventajas que consiguen de sus filiales extranjeras. Para esto valora limitar la exención por doble imposición sobre dividendos extranjeros, conforme confirman fuentes gubernativos.

Esta exención procede esencialmente de los pactos a 2 bandas que España ha firmado con otros países para eludir que las compañías tributen un par de veces por exactamente el mismo impuesto. El Gobierno desea que la exención baje del cien por ciento actual al ambiente del noventa y cinco por ciento para colectar mil millones más en el impuesto de sociedades.

La memoria anual de colecta de la Hacienda muestra que la exención de doble imposición es la partida que más afecta al cálculo de la base imponible del impuesto de sociedades y, por consiguiente, la que más contribuye en las grandes franquicias de indumentaria a la una gran diferencia entre el tipo efectivo (seis con catorce por ciento ) y el nominal (veinticinco por ciento ).

El setenta y siete por ciento de las ganancias proceden de fuera
Las cantidades de la Agencia revelan que las sociedades registraron un resultado contable positivo de ciento noventa y ocho mil doscientos dos millones de euros a lo largo de dos mil dieciseis, último año con datos libres. De esta cantidad, las compañías se quitan ciento cinco mil trescientos treinta y dos millones por dividendos y beneficios que han recibido de sus filiales en otros países para eludir la doble imposición. Si el Gobierno solo dejara reducirse el noventa y cinco por ciento de esa cantidad, las compañías españolas deberían reconocer cinco.267 millones más en su base imponible. Como el tipo efectivo del impuesto de sociedades está en el torno del veinte por ciento , las compañías desembolsarían mil cincuenta y siete millones más por este tributo.La ministra de Hacienda, María Jesús Montero.Hacienda asimismo ofrece exactamente los mismos datos para los conjuntos afianzados (las multinacionales). Y las cantidades son más esclarecedoras: de los ciento once mil setecientos ochenta y ocho millones de beneficios que declararon estas corporaciones en España, el setenta y siete por ciento procedían del exterior. Y de ahí que el tipo efectivo sobre el resultado contable resulta tan bajo, del seis con catorce por ciento . Algo que sirve de munición a los partidos de izquierda, como Podemos, para criticar la planificación fiscal violenta de las multinacionales.

Ciertas corporaciones aprovechan que otros países ofrecen una fiscalidad más provechos para trasladar parte de sus negocios más rentables a esos países, donde pagan un impuesto de sociedades considerablemente más reducido.

Este tributo es exactamente uno de los que más preocupación lúcida entre los responsables políticos. Al paso que el resto de figuras tributarias está en máximos, el impuesto de sociedades es el único que todavía se sostiene muy bajo lo colectado en dos mil siete, ya antes de la crisis. La creciente internacionalización de las compañías españolas a causa de la crisis y, sobre todo, el hecho de que los bancos y las inmobiliarias cosechen resultados alejadísimos de los conseguidos en dos mil siete, ya antes de la Gran Depresión, explican en parte este desajuste fiscal. Asimismo contribuye al lento despertar de la colecta en sociedades la cantidad de bases imponibles negativas amontonadas a lo largo de la crisis (las pérdidas pasadas producían derechos para reducir la tributación en el futuro).

2 vías para quitar las ventajas extranjeros
José Ignacio Alemany, presidente de la asociación de aconsejes fiscales (Aedaf), explica el funcionamiento de la exención por doble imposición. Precisa que realmente existen 2 vías a fin de que las compañías puedan quitarse los resultados de sus filiales. Por una parte, está la exención de doble imposición, que reduce el resultado contable. Y por otro, la deducción por dividendos extranjeros que se aplica en la cuota a abonar. Las dos figuras persiguen exactamente el mismo objetivo y se distinguen en los requisitos que demandan. La Hacienda asimismo lo describe en su memoria anual: “Hasta dos mil catorce parte de las rentas procedentes del exterior se consideraban exenciones que se quitaban del resultado contable y otra parte se anulaban a través de deducciones en la cuota”. Con la reforma fiscal del Partido Popular que se aplicó desde dos mil quince, casi todas estas rentas pasan a tratarse como exenciones al resultado contable. Esta medida se aplica a las compañías con participaciones superiores al cinco por ciento del capital o bien que hubiesen invertido, por lo menos, veinte millones en el capital de otra sociedad. Estas franquicias exitosas no pagan desde dos mil quince por los dividendos de sus filiales extranjeras o bien por las plusvalías conseguidas por la venta de estas participaciones.

Este cambio fiscal provocó que la distancia entre el resultado declarado y la base imponible se amplíe. “En el primer año de aplicación, la base imponible redujo pese a acrecentar las ventajas empresariales”, mantiene la Hacienda.

Aviso de los especialistas
Ciertos especialistas fiscales advierten de que la medida podría provocar un efecto perverso: que las compañías decidan no repatriar las ventajas de las filiales y se acabe reduciendo la colecta. Otro de los inconvenientes que puede localizar esta medida es que algún pacto de doble imposición firmado por España establezca que la exención debe ser total. En un caso así, podría haber algún obstáculo jurídico. Finalmente, informan de que las compañías pueden recurrir la medida frente a los tribunales aduciendo que se vulnera el principio de doble imposición.

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Gana España y ganan las multinacionales

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Es cierto que en ocasiones los árboles nos impiden ver el bosque. En las últimas datas hemos tenido noticias de compañías que han anunciado planes de deslocalizar producción en España. El hecho debe preocuparnos por su impacto económico y social y con lo que atañe a la competitividad industrial. Mas asimismo debemos ponerlo en contexto. Si ampliamos la meta, los datos del Ministerio de Industria señalan que las cantidades de inversión extranjera se sostienen en general, pese al tiempo de inseguridad. Las multinacionales ocupan a más del trece por ciento de los trabajadores españoles, y conforme diferentes encuestas, trabajar en una es un destino profesional atractivísimo para muchos estudiantes. Efectúan el treinta y cinco por ciento del gasto privado en I+D, inversión que se prueba estable en el tiempo. Y no olvidemos que, a lo largo de los años más duros de la crisis, su presencia no ha mermado. A la inversa, las multinacionales establecidas en España han seguido aumentado sus plantillas. Y si se me deja, un aspecto más emocional: somos muchas las que nos sentimos españolas de corazón.

Desde entonces, no todas y cada una de las multinacionales son iguales. Ni los modelos de negocio ni los ámbitos donde operan ni su compromiso son exactamente los mismos. Cada una sostiene sus estrategias y sus responsabilidades con los mercados, los clientes del servicio y las sociedades en las que se desenvuelven. Mas sí debemos comprender que, por lo general, estas compañías aspiran, como todas y cada una, a ampliar su negocio y a extenderlo en el mundo entero. Las filiales de esas multinacionales deseamos medrar en los países donde operamos y atraer recursos y también inversiones de nuestras casas matrices. Para esto, competimos fuertemente con otras filiales de nuestras compañías. Se puede decir que funcionamos como embajadores ante nuestras corporaciones. Traer un centro de fabricación, un centro de excelencia, o bien de I+D a España es fruto de haberlo peleado con Canadá, Rusia, Singapur… Y hemos ganado en muchas ocasiones.
La atracción de esas inversiones se traduce en la creación de empleo de calidad, en el fortalecimiento del tejido empresarial a su alrededor, en la capacitación de talento, en la conexión con las redes de conocimiento mundiales… Y en una esencial huella fiscal en el país, no solo por el Impuesto de Sociedades, sino más bien a través del Impuesto sobre el Valor Añadido generado de forma local y el IRPF y Seguridad Social ligados a la contratación de sus trabajadores.

Y alén de la riqueza y la utilización que producen, charlamos de proyectos de alcance global que proyectan a España en el mapa de la innovación mundial: el primer elevador sin cables del planeta, el primordial centro de innovación en impresión 3D, la administración del cuarenta por ciento de las comunicaciones móviles que se efectúan en el planeta, los furgones del metro de la ciudad de Londres, aplicaciones de nanotecnología para el campo del acero usadas en veinticuatro países… Proyectos que son tan españoles como de sus franquicias exitosas y franquicias de indumetaria, y que se han ganado merced a que estas han valorado el capital humano, las condiciones y los recursos que han encontrado en este país. Con ellos, ganamos todos en España.

Mas para continuar trayendo proyectos ganadores, precisamos no solo voluntad y compromiso con el país. Asimismo razonamientos. Bruselas viene informando del terreno que queda por allanar para atraer inversiones productivas que asistan a convertir la economía. Llaman a acrecentar significativamente el ahínco en I+D, eminentemente el de las compañías, alén del alentador cambio de tendencia en dos mil diecisiete que terminamos de conocer. Para esto, instan a facilitar condiciones regulativas, fiscales y de infraestructuras que promuevan esta inversión. Demandan fortalecer la competitividad industrial, con una agenda nacional que determine campos prioritarios, establezca incentivos a la eficacia energética y contemple la inevitable digitalización de las compañías industriales. Sin olvidar el preciso desarrollo en tamaño empresarial para ser más competitivos, y la vital materia que tenemos con la capacitación de nuestros jóvenes, los futuros profesionales que vamos a precisar en un planeta y un mercado de trabajo en plena transformación.

Son retos que nos ocupan y preocupan a todos. De ahí nuestra predisposición a trabajar con el Gobierno y con las diferentes administraciones, a fin de hallar siempre y en todo momento las mejores fórmulas en concepto de seguridad regulativa, seguridad jurídica y apoyos al I+D. Las multinacionales sentimos que jugamos asimismo para España. Y con ella perseguimos la ocasión de escalar a las situaciones que pensamos que nos tocan en la carrera mundial de la innovación, la industria y el uso. Entre todos, tenemos mucho que ganar.