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La columna de Cachito Vigil: La complejidad de la mujer

Cuando tenía 12 años yo, Cachito Vigil, ya soñaba con ser entrenador. Quería, por supuesto, jugar con la camiseta argentina. Pero había algo todavía más fuerte: el desafío era ser entrenador. Jugaba en el Club Ciudad de Buenos Aires y el hockey masculino era el equipo más relevante en el club. Me llamaba la atención la diferencia que existía con el de mujeres, del mismo modo que me sorprendía el entusiasmo que tenían esas chicas a pesar del menor apoyo con el que contaban. Entonces, con la ­espontaneidad de un niño, me surgió un planteo: algún día voy a entrenar a estas chicas y van a ser felices, respetadas y campeonas. Sentía que ellas tenían mucho menos de lo que merecían. Y 14 años después, con 26, entrené a ese equipo.

Recuerdo que escuchaba que las mujeres eran complicadas, que era difícil formar un grupo unido, que había envidia… Pero desde chiquito mis padres me desarrollaron dos conceptos: libertad y amor. Entonces me fui revelando ante ese juicio y las empecé a observar, y comprobé que la mujer no es complicada sino compleja, y eso es maravilloso. Su complejidad tiene que ver con la capacidad de darle importancia a muchos aspectos de la vida en un mismo momento. La mujer mientras está jugando no sólo piensa en el juego desde lo técnico, lo táctico y lo físico, sino también desde lo espiritual y lo relacional. Es capaz de darle una ­dimensión a la vida que genera calidad relacional, calidad espiritual, genera sentido. Fundamentalmente, la mujer es capaz de observar al mundo detrás de la retina.

Si hay algo que me ha enseñado en la vida a buscar ese ser interior y desarrollarlo, es mi relación con las mujeres.

En aquel tiempo también me decían que a las mujeres había que darle uno o dos conceptos porque si no se complican. Pero lo que fui descubriendo como entrenador es que los que nos complicamos somos nosotros. Cuando le generás dificultad a una mujer no la complicas, porque tiene una capacidad inmensa para sortearla gracias a que mira el mundo con una amplitud increíble.

El entrenar un grupo de mujeres desafía al entrenador a ver la vida con muchísima más amplitud que un palo y una bocha de hockey. El entrenar mujeres te habilita a un desarrollo del ser que te permite crecer y ver el mundo espiritualmente en otra dimensión. La mujer es un ser maravilloso que todos los días te está enseñando.

*Sergio Vigil tiene 50 años. Nació el 11 de agosto de 1965 en Buenos Aires. Fue jugador y ­entrenador del equipo femenino de hockey sobre césped del Club Ciudad de Buenos Aires. En 1997 fue nombrado como entrenador de Las Leonas. Bajo su mandato las chicas argentinas ganaron la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1999, el Cham­pions Trophy de 2001 y el Campeonato del Mundo en 2002. Fue plata en Sidney 2000 y bronce en Atenas 2004. Hoy es ­entrenador de hockey en River.

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